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De Castillos

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Erase una vez…creo que este es un buen comienzo para mi historia, un cuento de caballeros y damas, de espada en mano y arrojo en las miradas.  También de sudor, sangre, dolor, tristezas y alegrías, de piedras que hablan. 
Si, si…hablan. 
Schhh…schhh… silencio.
Escucha.
Respiran la majestuosidad de días ya pasados, de antiguos esplendores ya olvidados entre sus ruinas un día revestidas estas de honor y gloria.
Tal vez, sus hermanos diseminados por estas tierras de Castilla sean más opulentos pero que belleza emana entre lo que un día fueron y lo que ahora son. 
Uno, alzado orgulloso, mostrándose desde una inhóspita carretera, a lo lejos, entre una cortina de altivos roble y álamos, esa tarde mecidos por las ramas de un viento que parece susurrar y el sopor de una tarde cálida.
Fortaleza en la vía de la Plata, “castillo del Paraíso”, donde Sancho, Leonor, Enrique, cuantos nombres ya casi olvidados moran entre sus paredes. 


Y otro, vigía de un pantano, de un pueblo abandonado, guarda …

Una cita con Patricia

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(La banda sonora de este libro, la magia de Chet baker  o la increíble banda sonora de Midnight in París y ya estás más cerca del "sueño") 


Llegué puntual a mi cita en el Quadrant.

Londres empezaba a renacer tras la gran guerra.

Patricia me saludó elegante dese una mesa en el salón…siempre lograba ganarme en prontitud.

Y entre risas y confidencias, me habló como una verdadera amiga de su nueva vida.

Esa en la que dejaba atrás la pensión Galvin y en la que por fin tras muchos embrollos y disparates, entre torpezas y sonrojos…lo que comenzó como un lio extrañamente divertido, se convirtió en verdadero amor.

Peter, su Peter y no aquel “lord Peter Bowen” que tanto la asustó tras oír la retahíla de títulos y posesiones de los que disponía su familia, la estaría esperando impaciente, como era habitual…y ella jamás le cambiaría. 

Me expresó entre el champán para festejar y el sonido de la orquesta, del swing y del jazz, de su dicha y su cara lo decía todo.

Y me sentí feliz por su fo…

La moda romántica

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(Como siempre, hay una música que me inspira cuando veo algo
y en este caso es este maravilloso soundtrack)

A las cinco.
El otoño instalado en Madrid.
Lluvia infinita empañando los cristales.
No hay caballos para mi carruaje, 
solo el estruendo metálico de las vías en la estación.
Miro mi reloj…ni un minuto tarde en su tic tac.
Tampoco tengo  cortinas que oculten mi mirada curiosa, ni asientos mullidos.
Pero el desfile de paraguas de caprichosos colores,  las bufandas que cubren gargantas,  los abrigos azules, verdes, marrones,  las botas de agua que imagino saltando caprichosos charcos de agua en juego infantil,  me distraen de mis ensoñaciones.
Carreras, prisas, estación tras estación.
A la salida, los paraguas  se abren en flor bajo este cielo gris,  cobijándonos de la lluvia, esquivando charcos en el asfalto.
Pero tengo la certeza que tras cruzar el umbral de su puerta
me esperan miles de historias para ser contadas.
Y al subir sus escalera, veo a  la orquesta preparada para el ba…

Escultura hiperrealista 1973-2016

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“Cuenta la leyenda, que al acabar Miguel ángel su Moisés, el artista golpeó la rodilla derecha de la estatua y dijo ¿Por qué no me hablas?, sintiendo que era la única cosa que faltaba por extraer el mármol era la propia vida.”

¿Acaso sois reales?

¿Sois santos?

¿Sois imágenes a las que adorar en este santuario de arte?

Pero…no me miráis desde un altar, me miráis desde el suelo, junto a mis pies.

¿Sois los protagonistas de una escenografía teatral?

¿Sois los maniquís en un escaparate mirados y fotografiados por miles de ojos?

¿Qué sois en realidad?

Os miro, y quiero hablaros.

Os miro, y quiero consolaros.

Os miro, y quiero escucharos. 

Imagino el silencio de la sala oscura y cerrada, iluminada artificialmente. 
Donde nadie excepto yo pueda escuchar la nana de tus labios brotar al bebe dormido al regazo de tú caliente pecho.
Donde el grito de placer se derrocha tras abrazarle con brazos y piernas. Cuerpo flácido, blando, cómodo a tú piel.
Dónde solo quiero consolarte del enfado, del castigo qu…

Corazones mercenarios

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Y como siempre...darle al play  por que esta es la banda sonora de este libro...sin duda alguna.


Has soñado “cabalgar” en un cuervo.
Te has abandonado a la inmensidad del mar atrapado en la pupila de una ballena.
Que perdiste todas las batallas que un día sonaste ganar y, en las tardes plomizas sientes cada derrota congelando tus huesos.
Has sentido que ese vacío que alojabas en el centro de tú pecho con solo enredarte en los rizos de su pelo borrarían todo tú dolor.
O que esa luz que bañaba su piel al resplandor de la noche cuajada de estrellas ahuyentaría el miedo que no reconoces sentir. 
Qué la llama que sientes vibrar, arde, abrasa, incendia todas tus defensas. 
Te has descubierto soñando, aventurera intrépida, por caminos polvorientos de arena y sol, murmullo lejano de olas. 
Que has hecho algo en tú vida para merecer el regalo que se te ha otorgado, al que suponías no tener derecho.
Imagínatelo.
Sueña entre las palabras. 
Con el rumor de olas y el batir de espadas como banda s…

Georges de la Tour

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Podría hablar de los atascos permanentes a la entrada de la capital.
Del calor que nos atrapa entre el asfalto y el cielo plomizo, cuando el verano parece ya instalado en esta gran ciudad.
De los turistas, móvil en mano, queriendo inmortalizar cada uno de sus pasos.
De las primeras bodas con sabor a calor. 

Del duelo entre los coches ante el semáforo en verde.
Del mendigo que se abraza a sus cartones bajo los andamios, olvidado de las miradas del transeúnte demasiado ocupado.
Pero al cerrar los ojos sigo viendo, brotando, esa luz maravillosa entre las sombras.
Esa luz que parece brillar entre las paredes oscuras, casi tenebrosas.
Esa piel que nace blanquecina, rendida ante mis ojos, deslumbrados, perplejos.
Pinturas que una vez soñé contemplar hojeando mis libros de historia del arte, cuando me atrapó la pincelada de Caravaggio o Ribera que me dejaban extasiada en su contemplación.
Prosperidad, hambre, guerras, calamidades alimentaron la vida de Georges de La tour.
Tramposos, cieg…

Eifman ballet rodin

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Sala Roja.
¿Rojo pasión?
¿Rojo Dolor?
¿Rojo ira y destrucción?
Luz que se apaga.
Comienza el sueño de la creación.
El cuerpo, materia de carne y hueso,  se curva, arquea, doblega, se contorsiona en caprichosas formas,  grita, suda, se rompe, vive al ritmo de las piezas -exquisitas-  Debussy, Camille Saint-Saens, Satie, Ravel…
Y en las formas que abrazan el aire, los ves…  Rodin, Camille y el tercer vértice que resquebraja,  con su oscura presencia el sueño de los amantes:  Rose Beuret.
Sientes la piedra emergiendo del golpe maestro,  el cuerpo convertido en materia de creación.
Reconoces todas sus obras.

Admiras el salto, el equilibrio imperfecto en la entrega.

El vals que conduce al infierno,


El grito del manicomio que rasga el escenario.


La invitación a la locura con solo extender tú mano.


Duele su dolor.
Camille…la apasionada.
Enamorada.
Abierta.
Entregada.
Rechazada.
Arrodillada.


Destructora.
Alcohólica.
¿Loca?
Escultura.
MUJER.


ARTISTA.