sábado, 25 de febrero de 2012

Huipiles

Siempre he sentido cierta inclinación hacia el colorido, quizás no tanto en mis ropas pero si en mis obras.

A veces pienso que veo colores donde no los hay, y contemplo las nubes como un espectáculo como esa Griet curiosa bajo la atenta mirada del maestro Vermeer.

(Podéis ver la escena en el youtube: http://youtu.be/ZO6FGjpfzWU)

Buscando inspiración entre libros y fotografías, encuentro en mi biblioteca pública La indumentaria tradicional en detalle, un fabuloso recorrido por tejidos y ropas tradicionales de China, Pakistán, Malasia, Turquía, etc, perteneciente a las colecciones del Victoria and Albert Museum, una de mis visitas pendientes –y obligatorias- cuando regrese –algún día- a la ciudad del Támesis.

Y claro, no puedo olvidar, que tras esas miradas que –siempre- me cautivan, mi vista se recrea en sus prendas tradicionales :los huipiles.



Huipil (náhuatl: huipilli, «blusa o vestido adornado» ), también llamado hipil en la península de Yucatán, es una blusa o vestido adornado con motivos coloridos que suelen estar bordados.

Me gusta deleitarme en sus dibujos, a veces geométricos y sinuosos, la enorme variedad de sus matices que parecen inundar mis retinas y como siento que el color las envolviera, enredándolas con todas su propiedades asociadas a sus tonalidades.


El se hace y se usa en por indígenas mayas , zapotecas y otras mujeres en el centro hasta el sur de México,


Guatemala, Belice, El Salvador y el occidente de Honduras, así como en la parte norte de Centroamérica América.

Igual me ocurre con los kimonos, y claro, mis ojos empiezan a hacer chiribitas, mezcla de admiración, asombro, belleza y sensibilidad en tan exquisita prenda.

“Cuando los colores de una tela no concuerdan con las estaciones se tiñen las flores de la primavera y del otoño, y todo el esfuerzo es inútil como el rocío”

Cuento de Genji, Capítulo 2 (siglo XI)

Pero de eso hablaré otro día…

Ahora, dejaré que me atrape el hechizo en el que siempre acabo cayendo…


P.D.: Un abrazo enorme y todo mi apoyo, para mis queridas amigas argentinas por la tragedia ferroviaria de su país.

domingo, 12 de febrero de 2012

Se acerca San Valentín...

Enciendes la televisión…todo se inunda de rojo y la palabra se gasta en bocas ajenas.

Pasas las páginas del dominical… atestadas de anuncios que brillan en tus retinas.





Robert Indiana-pop art

Las películas…se tornan repletas de príncipes azules fabulosos en sus blancos caballos que te rescataran de las batallas diarias sin que su cabellera o su perfecta presencia se altere lo más mínimo.



Versión de mi alumnos inspirándose en Indiana y
en el blog That artist woman

Pero, cuidado…nadie dijo que San Valentín es SOLO para enamorados, pues Cupido ya anda bastante liado con las relaciones amorosas –tan complicadas- en el siglo XXI, ya que, desgraciamente sus flechas no apuntan –muchas veces- en la dirección correcta.

Pero al resto…
¿Van a dejarnos caer en el fácil llanto agarrados a la almohada?
O…¿Qué la melancolía nos atrape enredados en el bucle “vivieron felices” mientras comemos una manzana envenenada u olvidamos el zapatito de cristal esperando el cuento de hadas completo?

Pues va a ser que no, por eso…

Ama al amigo, al que está a tú lado y al lejano, al que hace tiempo que no ves o con el que compartes tus locuras cotidianas, incluso, a través de – mis queridas- cartas, o los “ tú tienes un email”, o a –los maravillosos- blogueros.

Ama a los tuyos, los que siempre- en las buenas y en las malas- ESTÁN.

Al desconocido –o conocido- que saludas por la calle, muéstrale tú sonrisa y todo se leerá en tú rostro.

Y cómo dice Paulo Coelho…

“¿Cómo entre la luz en una casa? Si las ventanas están abiertas? ¿Cómo entra la luz en una persona? Si la puerta del amor está abierta?”

Pero si lo que quieres es una dosis de romanticismo, ya sabes…escoge la medicina adecuada y tómatela con precaución, no exceda la dosis si no quieres sufrir un empacho o un ataque hipoglucémico y ¿Cómo? Pues con:

Carta de una desconocida (1948), Breve encuentro (1946), Sucedió una noche (1934), Desayuno con diamantes (1961), Descalzos por el parque (1967), Tal como éramos (1973), Esplendor en la yerba (1961), Orgullo y prejuicio (¡Da igual al versión!), El fantasma y la señora Muir (1947), Confidencias a medianoche (1959), Algo para recordar (1993), Cuando Harry encontró a Sally (1989), etc.