Leyendas de Toledo

(Música para esta entrada)



Se recorta 
–su silueta- 
en la noche toledana. 

Descorre las cortinas negras 
y contempla la blanca luna allá en lo alto. 



A lo lejos, rumor de fiesta. 

Abraza las calles vacías,
silenciosas, 
que narran sus leyendas 
al viajero curioso.

Tan cercana ciudad,
tanto por descubrir.  

Las piedras, 
los muros susurran…


CRISTO DE LA LUZ

“Remontándonos al momento de la reconquista de Toledo, cuentan que cuando los ejércitos entraron en la ciudad, el caballo del monarca cayó de rodillas al llegar a la altura de mezquita, donde actualmente vemos marcada con una piedra blanca el pavimento.
El rey intentaba que su corcel se alzara pero al resultar imposible se interpretó como una clarividencia divina, de ahí que se excavara el interior del edificio donde se encontró la imagen de un Cristo Crucificado junto a una lamparilla de aceite que había permanecido encendida durante más de 300 años ya que en este lugar los cristianos toledanos habrían escondido la imagen sagrada para evitar su profanación por parte los musulmanes durante su ocupación.”


BÉCQUER

“Se encontraba el poeta paseando un día por la plaza de Santo Domingo El Real, cuando vio como las cortinillas de una de las ventanas se levantaban para volver a caer con rapidez, ocultando a sus ojos la persona que le miraba. Bécquer volvió a pasar otra tarde y nuevamente ocurrió el mismo hecho, pero no pudo distinguir a nadie en concreto; sin embargo, su sensibilidad como poeta, no le dejo duda que se trataba de una bella mujer, que la conocía y que ella quería expresarle algo... Aquel día sacó su lápiz y apuntó en su cuaderno lo que llamo “ la primera fecha”. 
Pasados unos meses, Bécquer vuelve a Toledo, y en otra de sus salidas por esta parte de la ciudad, estando dibujando la portada del viejo convento, creyó ver que desde la misma ventana, una blanca y juvenil mano le saludaba, sin que pudiera percibir rostro alguno. Nuestro poeta espero durante algún
tiempo para ver si se repetía el suceso pero ya no volvió a ver aquella misteriosa mano. 
Llegó la hora en que tenia que partir hacia Madrid, donde residía, pero antes de guardar sus dibujos apuntó en su cuaderno esta “segunda fecha” 
Pasó un año hasta que el poeta volvió nuevamente a esta plaza sin que se le hubieran borrado del todo aquellos recuerdos. Llegándose, le pareció oír las notas de un órgano y los cantos religiosos de voces femeninas que salían del convento. 
Preguntó a un mendigo que se hallaba junto a la puerta qué se celebraba ahí, y éste le contestó que se trataba de una toma de hábitos para una novicia. 
Entregado Bécquer por ver el desarrollo de este ritual, entró en la iglesia y vio como los sacerdotes envueltos en el incienso se dirigían al fondo del templo donde se hallaba la virgen que iba a ser consagrada ese día con Dios. 
Vio como la abadesa, en una acto ceremonial, cortó a la joven el largo cabello que tenía, le quitó las joyas que llevaba y la desnudó de su traje ordinario para ponerle el hábito, vio también como la joven se tumbaba boca abajo en el suelo y se la cubría con pétalos de flores en medio del sonido de una triste melodía. 
Acabado el rito, se abrió una puerta dentro del coro por donde la nueva esposa de Dios entró hacia la clausura; en ese momento el poeta pudo ver su rostro y se dio cuenta que él conocía a aquella muchacha sin haberla visto nunca, era la mujer de la mano blanca que le saludaba desde las ventanas del convento. 
Quiso gritar para expresar sus sentimientos, pero no pudo. En aquel mismo instante se cerraba para siempre la puerta claustral. 
Pregunta con impaciencia a una viejecita quién era la muchacha... y ésta le dijo que se trataba de una joven que se encontraba sola en el mundo tras la muerte de sus padres y, viéndola así, el deán de la catedral, le ofreció una dote para que pudiera tomar el velo.
Cuando nuestro poeta le pregunta donde vivía esa mujer, no pudo contener sus sentimientos al saber que era aquella casa donde vio por primera vez levantarse y caerse las cortinas de la ventana. “



LA ESTATUA Y EL BESO DEL FRANCÉS...

“Los ejércitos franceses se apoderaron de Toledo. Comenzaron por habilitar como cuarteles los mejores edificios de la ciudad, entre ellos, el prestigioso Alcázar de Carlos V y, cuando ya no había cabida para más gente, se empezaron a invadir las iglesias consagradas al culto, entre las que se encontraba la iglesia de San Pedro Mártir. 
En Zocodover, lugar de reunión de los nuevos habitantes de la ciudad, el capitán de escuadrón de caballería empieza a relatar a sus compañeros algunos terribles hechos y fenómenos que pudo presenciar cuando dormía en la pequeña iglesia de San Pedro Mártir; les habló aquel día del misterio de dos estatuas, una mujer y un noble guerrero castellano, que se hallaban en la capilla del claustro. 
El joven oficial, para demostrar que sus relatos eran ciertos, invita a sus compañeros a pasar una noche con él en la pequeña capilla donde vio aquellos increíbles sucesos. 
Al anochecer, todos acuden a la cita en la pequeña iglesia, donde pronto se organiza una improvisada fiesta.
Envueltos entre las botellas y las risas, el capitán decide dar rienda suelta a sus impulsos. Se levanta, para humillar a aquel antiguo guerrero español, vertiendo una copa de vino sobre su cara y, posteriormente, para dar un beso a aquella mujer de piedra. 
No creáis que os odio por ser un rival... no.. no, al contrario, os admiro como esposo al sentirme cortejando en vuestra presencia a vuestra hermosa mujer... yo os invito a que bebáis – dirigiéndose al guerrero de piedra.
¡Capitán!. ¿Qué locura vais a hacer?. ¡Basta de bromas!. ¡Dejad en paz a los muertos! - gritaron todos los presentes en un intento de convencer al oficial para que dejase de humillar a aquella estatua. 
Sin embargo, el francés proseguía en su cortejo a la mujer de mármol. 
Os juro por mi honor que ayer hizo un gesto con sus ojos que parecía de carne y hueso... y cuando me acerqué a ella, su cara empezó a cambiar de color – contemplando la estatua seguía en sus fantasías - Mirad qué blanca silueta tiene, qué rostro tan perfecto y virginal, la admiro, amigos, la admiro y no la cambio ni por la diosa más hermosa, mirad como me invita a un amor nuevo, daría mi vida por besar sus labios, sí.. sí, sólo un beso puede calmar mi sed... 
El joven, acerca sus labios a los de la estatua de la bella dama y, de repente, resonó un grito de horror en el templo. 
El francés había caído desplomado al pie del sepulcro, arrojando sangre por boca y nariz.
Aquel guerrero de mármol había levantado su mano para derribar con un golpe al francés que pretendía deshonrar a su esposa.”


LOS COBERTIZOS TOLEDANOS

"Una de las construcciones más típicas y características de la ciudad de Toledo son los llamados cobertizos. La mayoría los encontramos en la zona conventual de la ciudad., en el norte del peñón toledano. Proliferaron en la edad media para comunicar dos edificios próximos entre sí, sacando mayor provecho a la propiedad privada, al edificar fuera de la casa, en alto. Gracias a esta construcción, los toledanos no tenían que bajar a la calle para comunicarse con el vecino de en frente.
Hubo tantos cobertizos en Toledo que la ciudad se fue oscureciendo y se fueron acumulando restos de residuos y desperdicios aprovechando la oscuridad de estas calles, creándose zonas de insalubridad pública. Por ello, fueron prohibidos en 1509 por la reina Juana de Castilla (conocida como Juana la Loca), no construyéndose más desde entonces.
Más adelante, a mediados del siglo XVI, el corregidor toledano dictó una ordenanza que mandaba derribar todos los cobertizos que no tuvieran la altura mínima para que pasara un caballero montado a caballo y armado con una lanza. Algunos vecinos se armaron de ingenio, como el señor de Malpica, que rebajó el nivel de la calle de Santa Clara para no tener que hacer obra de derrumbe en su cobertizo.
Estos cobertizos constituyen una seña de identidad en la ciudad de Toledo y han servido de inspiración para pintores, literatos y todo tipo de artistas que han gustado de perderse por estas centenarias calles llenas de encanto y sabor... Caminar por los cobertizos en la noche toledana es una de las experiencias más misterioras y placenteras de la visita a la Ciudad Imperial”



Ventanas abiertas 
buscando la ráfaga de aire. 

Balcones enredados en el verde. 
Cena del viernes, 
orquesta de cubiertos contra la mesa. 
Gritos de niños en terrazas 
sobre cementerios ya olvidados.



Déjame que te cuente un cuento…”Erase una vez…”

Comentarios

  1. Que bueno lo de Becquer con la novicia. Bien romántico como es todo lo de este autor! Muy bella entrada!
    Besotes

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  2. Bécquer es una de mis debilidades, y Toledo era una de las suyas. En la casa toledana donde vivió hay un laurel del que se cree que fue plantado por él mismo.
    Adoro las leyendas; hacen a las ciudades y pueblos aun más interesantes.
    ¡Besos!

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  3. Qué maravilla de entrada Noe, qué interesante. Un destino por descubrir en mi caso, precisamente he hablaba con mni marido y cuñado hace poco la posibilidad de ir en el puente de diciembre. Un besazo!!

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    Respuestas
    1. Fíjate, querida Meg, que a pesar de tenerlo tan cerca, para mí Toledo es una GRAN desconocida...¡Ah! En el 2014 es el IV Centenario del fallecimiento del pintor... y seguro que hab´ra muuuuuuchas actividades en torno al pintor.

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  4. Qué entrada tan bonita, Noe... Toledo es una de las ciudades que tengo en mi lista de pendientes a conocer además ^_^

    Y sobre la música, me encanta Loreena McKennitt! De hecho, esta semana he actualizado la lista de música en mi blog con algunos temas suyos :)

    Besos de colores y muy feliz semana, Noe!

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  5. Qué entrada más completa y más bonita. Para mi Toledo también es una gran desconocida, de algún modo me he transportado y por otro me animo a saldar esta deuda. Un beso :)

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  6. Sabés que mi mamá volvió de Toledo totalmente enamorada de ella y con algún recuerdo que aún guardo.
    Encima con esa música maravillosa que me acabo de enterar que viene muy pronto a la Argentina.
    Besos

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