domingo, 13 de julio de 2014

La noche toledana




Tenía una cita.

Hora…16:45.

Allí me estaba esperando.
Impecablemente vestido, con su gorguera al cuello, un personaje de de otros tiempos.

Sus seguidores también le aguardaban. 
Como fans enloquecidos abarrotaban las salas que él solo llenaba con su presencia
Los grupos se paraban a admirarle, pero muchos lanzaban piropos a su mujer… ¿O tal vez no lo era?


A él, le daba igual.
Ya no le importaban las críticas antes sufridas, ahora, era idolatrado.
Este era su año…él bien lo sabía.
Y vaya año.
Logró reunir para su “fiesta” a los grandes amigos, artistas de todos los tiempos que tanto se habían inspirado en él.

Picasso, Pollock, Sorolla, Zuloaga, Modigliani, Bacon, Giacometti, Manet, Cézanne, Saura, Bomberg, Chagall, Soutine, Orozco, el colorido exultante del maestro Rivera…



A la salida, me cogió de la mano…”La noche toledana aún no ha terminado” me susurró al oído.
La distancia desapareció, y me encontré caminando por la ciudad que le acogió desde su tierra natal.

“Te enseñaré mi casa” me dijo “aún es pronto para que despiertes del sueño”

Y bajo la luz de la luna, recorrimos el jardín en penumbra, el patio, el casa llena de estancias, y me fue revelando sus secretos…como lograba que el color vibrara en sus cuadros y los rostros de vírgenes y santos me miraran a través de tantos años vividos, contemplados por miles de ojos curiosos.

“Lo sé” pensé para mí” No sabes lo te he seguido todo este tiempo”

Y después, recorrimos las callejuelas llenas de cuestas y pendientes, de silencios rotos por el beso de una pareja a escondidas, por los niños gritando juguetones arrimados contra para de dejando que las luces de un coche rompieran por un breve instante la magia.

A lo lejos, el bullicio de la plaza.

El color amarillento de las farolas, el barrio judío a nuestros pies.
Y me llevo hasta ella, grande imponente, colosal… ¿Cuántos calificativos admitiría?
Lienzo de piedra orgulloso.

Estallido de aplausos…
Sentí su roce, mi piel estremecida ante la gota de pintura.
Ya no estaba a mi lado, se había elevado junto al rojo a lo alto de la gran torre…


“Vuelve pronto” me dijo…”aún queda te queda tanto por aprender”

Que así sea.

sábado, 5 de julio de 2014

Alma Tadema y la pintura victoriana



Asfalto bañado en lluvia.

Alfombra de charcos.

Madrid…respira.

Pies mojados.

Manos frías.

Frágiles paraguas en procesión por el paseo del Prado.

Vendedores ambulantes junto al Mcdonalds.

Julio…revuelto de tormentas y rayos.

Sala Burdeos…sueño prerrafaelista.

Rossetti me saluda desde la entrada, atravesando mi corazón con sus flechas.


Millais me eleva por los aires subida en sus hombros.

¡Ten cuidado!” me grita “La senda del amor verdadero nunca ha sido fácil”

Me llama el rumor del mar por mi nombre.

El mar…

Ejercicio magistral de luz sobre su espejo de agua…


…sobre su piel bañada al sol…

…sobre los pliegues enredándose en mis piernas mojadas…


“¿Lo hueles?”

Violetas y otras flores entierran mi cuerpo ante su presencia.

“¡Ave…alma!”


Cuéntame un cuento, aunque sea griego.

Dímelo al oído.

Escucharé sentada a tus pies, confundiéndome en el magenta.

“Sigue…no pares”

No…aún no estoy cansada…estoy perdida.
Perdida en sus miradas,
que me atrapan, me miran,
 me hablan, me cuentan,
me encierran en sus marcos dorados,
me enamoran, me hechizan,
la luz me llama, el detalle me seduce…

Ya no sé si son los cuadros o son sus vidas…artistas apasionados.

“Os lo prometo” les digo “Volveré”