De Castillos




Erase una vez…creo que este es un buen comienzo para mi historia, un cuento de caballeros y damas, de espada en mano y arrojo en las miradas. 
También de sudor, sangre, dolor, tristezas y alegrías, de piedras que hablan. 

Si, si…hablan. 

Schhh…schhh… silencio.

Escucha.

Respiran la majestuosidad de días ya pasados, de antiguos esplendores ya olvidados entre sus ruinas un día revestidas estas de honor y gloria.

Tal vez, sus hermanos diseminados por estas tierras de Castilla sean más opulentos pero que belleza emana entre lo que un día fueron y lo que ahora son. 

Uno, alzado orgulloso, mostrándose desde una inhóspita carretera, a lo lejos, entre una cortina de altivos roble y álamos, esa tarde mecidos por las ramas de un viento que parece susurrar y el sopor de una tarde cálida.

Fortaleza en la vía de la Plata, “castillo del Paraíso”, donde Sancho, Leonor, Enrique, cuantos nombres ya casi olvidados moran entre sus paredes. 



Y otro, vigía de un pantano, de un pueblo abandonado, guarda silencioso.

Esbelta torre del castillo de Granadilla. 




Y qué decir, de aquel que un día allá por el siglo XIX fue cementerio tras sus muros y del que leyendas nos alcanzan. 
Castillo de Valdecorneja


Pero no diré más.

Calla.

Escucha.

Te hablan a ti desde su silencio.


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